Algunas cosas que extraño de Argentina

Si -como dicen- viajar te abre la cabeza, pienso que estar un tiempo considerable fuera del propio país te da vuelta casi todos los órganos vitales. Claro que cada persona lo vive a su manera, pero si uno se abre al nuevo contexto, entonces puede pasar que se alteren las prioridades, que se formen nuevas perspectivas, que se transformen otras existentes, que cobren importancia detalles insignificantes, que se reacomoden los vínculos con la gente, etc.

Contemplando el paisaje en Mendoza

Un poco por el placer de compartir y otro poco por catarsis nostálgica, voy a mencionar, como dice el título, algunas cosas que extraño de Argentina. Me concentré para no caer en el cliché de las comidas o bebidas, y lo logré (por ahora). Tema familia y amistades se entiende, no hace falta explicar :)

  • La flexibilidad
    La mayoría de los rusos tiende a aferrarse a una cierta forma de hacer las cosas, en cambio pienso que nosotros nos permitimos más variantes. Me falta a veces la complicidad en el error, la sensación de que todo es posible… o no.
  • El idioma «argentino»
    No solamente soy un fan de la riqueza y personalidad de nuestro castellano argentino, sino que también me encantan nuestros acentos (porque, aunque el de Buenos Aires sea el distintivo, tenemos muchos otros; esto es para los que están leyendo desde otros países).
    Me encanta que sigamos alimentando de nuevos términos y frases al monstruo que vive dentro de ese idioma que heredamos de otro país, y que tal vez un día termine comiéndoselo (fronteras hacia adentro, sin ánimos expansionistas, obvio).
    Cuando hablo con rusos que estudian o hablan castellano me encuentro en la situación de tener que neutralizar tanto mi acento como el vocabulario para no complicarles la existencia, y obviamente se siente raro, por eso valoro mucho los momentos donde puedo ser yo mismo al 100%.
  • La exageración
    Es que sí, los argentinos somos exagerados, y desde lejos se nota con bastante claridad. A veces transformamos un simple deseo en una cuestión de vida o muerte, o un simple pensamiento en fanatismo. Hace poco me tocó dar un ejemplo de esto, y lo primero que se me vino a la cabeza fue cómo a veces pensar en comer pizza se transforma en un “¡Me comería ya mismo una buena porción de muzzarella de [inserte nombre de su pizzería favorita acá], que viene con el queso chorreando por los costados y muchas aceitunas! !No estaría mal que sea con un vasito de moscato bien frío!“.
  • El sobreanálisis y la charla banal
    Las charlas filosóficas abundan en Rusia, pero el enfoque es un poco diferente, tal vez más lógico (o en la búsqueda de eso). Pero eso de ser psicólogo por un rato, o simplemente hablar pavadas porque sí, eso sí que me falta.
  • Discusiones sobre política
    A veces creo que es desmedida la dosis de información política que consumimos en Argentina, porque -por ejemplo- no hace falta que en los restoranes estén sintonizados los canales de noticias 24hs mientras uno disfruta de su rica comida. Eso no extraño en absoluto, sobre todo si el canal se esmera en hacerme creer que está todo mal siempre. Pero más allá de eso, soy de los que consideran muy saludables las discusiones políticas, aunque a veces nos hagan subir la presión o nos lleven a pensar que el otro no entiende nada de la vida.
    Me tocó vivir estas últimas elecciones presidenciales a través de los diarios online y las redes sociales, y no estuvo bueno.