Arte

«Monstración»: la marcha del absurdo

El 1ero de mayo de este año 2016 coincidieron en Rusia dos celebraciones importantes: el Día Internacional de los Trabajadores y la Pascua. Esto de por sí ya es interesante porque el primer festejo está fuertemente asociado al socialismo que gobernó el país hasta hace un par de décadas, mientras que el segundo estuvo tácitamente prohibido durante esa época.
Pero como si fuera poco, hay un tercer evento que tuvo lugar en este día: la «Monstración» (Монстрация, juego de palabras que deriva de “Manifestación” para terminar sonando a algo relacionado con “monstruo”). Se trata de gente -principalmente jóvenes- que se reúne en diferentes ciudades con pancartas y disfraces -aparentemente- absurdos, y que, aplicando muchas veces la ironía, entona cánticos y marcha con sus creaciones por una ruta bien definida por las autoridades locales.
Gente en la Monstratsiya

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El metro de Moscú

Dado el tamaño de la capital rusa, y considerando el nivel de embotellamientos que se suceden día a día en la misma, el metro de Moscú (Московский метрополитен) es una opción más que práctica (y rápida) para moverse de un lugar a otro. En lo personal, no puedo dejar de asociarlo con incontables momentos vividos en esa ciudad que tanto quiero.

Logo del metro de Moscú

No se trata solamente del transporte que eligen millones de personas por día, sino también de un gigantesco museo subterráneo latente donde en cada estación podemos encontrar diferentes piezas artísticas, variando entre lo exageradamente soviético y lo moderno ruso.

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Arte a cielo abierto

Soy de los que piensan que el arte no debería ser elitista, que cualquier persona tiene derecho a crear y, que para ser espectador, solamente hay que tener curiosidad. Me encanta descubrir lo que hace la gente que no se considera artista, porque en general me resulta más espontáneo y natural.

Caminando por las calles, parques y jardines de Rusia es posible encontrar muestras de una expresión creativa que tiene como autores a gente común, anónimos que no graban sus nombres en sus obras ni esperan reconocimiento alguno. A esta altura puedo decir que se trata de una tendencia, a la que  los rusos suelen llamar «ZHEK» (ЖЭК).
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